Revista Superreinos, Ciencia y Ficción

Indice           Editorial          Pensar lo Nuevo            Entrevistas            Archivo Allsop           Oráculo de los Reinos         Crónicas de Regeneración        Impresiones
PENSAR LO NUEVO

Y el impacto de investigaciones recientes

 

Experiencias Cercanas a la Muerte:
una luz fuerte que no hiere los ojos




El tema sobre qué hay después de la muerte ha fascinado a la humanidad desde siempre. Desde hace ya décadas, médicos de distintas áreas recaban información e investigan la veracidad de vivencias conocidas como ECM, donde personas resucitadas de la muerte vuelven contando experiencias que podrían contestar grandes preguntas ¿La consciencia sobrevive a la muerte? ¿Está la consciencia separada del cuerpo físico?

En este artículo, se explora el Caso de Pamela Reynolds, ocurrido en 1991, quien declaró experimentar este fenómeno, tras una muerte clínica durante una operación cerebral realizada en Arizona. Este caso, fue estudiado por el prestigioso cardiólogo holándes Dr. Pim van Lommel, y publicado en la revista The Lancet en 2001.


Por: Ignacio Mardones Nally



El cerebro es solo un transmisor, una interfaz: el alojamiento provisorio de la mente, no el productor de consciencia. Esto indicarían estudios médicos de pacientes que estuvieron “muertos” por unos minutos y volvieron a la vida. También es lo que parecen confirmar cientos de testimonios de sobrevivientes que –pese a no ser todos controlados al momento de perder sus signos vitales o en estudios prospectivos– compartieron sus experiencias con investigadores del tema. Nombres de quienes han profundizado en esta corriente hay muchos: Bruce Greyson (psiquiatra), Pim van Lommel (cardiólogo), Raymond Moody (psiquiatra), Elisabeth Kübler-Ross (psiquiatra), Penny Sartori (enfermera), Eben Alexander (neurocirujano), Manuel Sans Segarra (cirujano), entre otros. La mayoría entró en el área por accidente y curiosidad, confundidos o maravillados por patrones y similitudes en los casos de sus pacientes.

Estos y otros investigadores han llegado al consenso de que entre un 10 y 20% de las personas que sobreviven a un paro cardíaco reportan una ECM (experiencia cercana a la muerte o near-death experiences). Podrían ser más, ya que algunos prefieren guardárselas para sí mismos, pues estas experiencias son siempre un tema íntimo, con especial sentido para quienes las viven. Y suelen ser fantásticas, acontecimientos de gozo, de transformación. Una de las más emblemáticas es la de Pamela Reynolds, madre y compositora estadounidense. El caso de Reynolds –ocurrido en 1991–, es clave, porque su cirugía estaba bajo completo control médico y no hay explicación científica para lo que contó al despertar de la anestesia. En su momento, relató lo ocurrido a la BBC y su caso también, es parte del estudio del Dr. Pim van Lommel, publicado en la prestigiosa revista The Lancet en 2001. 

Pamela sufría mareos, pérdida del habla y dificultades motoras. Un TAC reveló un aneurisma gigantesco dentro de su cerebro. La única opción de sobrevivir era operarlo, pero pocos médicos estaban dispuestos a emprender esa tarea, dadas las mínimas posibilidades de éxito. Finalmente, Pamela viajó tres mil kilómetros hasta Arizona para ser operada por el doctor Robert Spetzler. La misión era titánica. Para tratar el aneurisma, bajaron la temperatura corporal de la mujer hasta los diez grados centígrados y la conectaron a una máquina de circulación extracorpórea, tras interrumpir su función cardíaca. Más increíble aún: drenaron hasta la última gota de sangre de su cráneo, para asegurarse de que no hubiera actividad cerebral. La mujer tenía altavoces en los oídos que producían fuertes chasquidos para que, si hubiera reacción del cerebro, fuera monitorizada. Reynolds estaba tan muerta como puede estarlo una persona dentro de un ataúd. La respuesta del tronco encefálico era nula y, como se señaló, no había flujo sanguíneo en su cabeza; además, estaba bajo anestesia general y tenía los ojos cerrados con cinta adhesiva. ¿Qué puede experimentar alguien en estas condiciones, cuando su cráneo es una pieza vacía y las estructuras cerebrales son como una nube que se dispersa, pierde su forma y desaparece?

Aquí copiaré fragmentos de su relato, obtenidos del libro “Consciencia más allá de la vida” del médico holandés Pim van Lommel:

“No recuerdo la sala de operaciones. No recuerdo haber visto al doctor Spetzler en absoluto (…) uno de sus colegas estaba conmigo en ese momento. Después de eso…, nada. Absolutamente nada. Hasta aquel sonido…, y el sonido era… desagradable. Gutural. Me recordaba a la consulta del dentista. Y recuerdo un hormigueo en la cabeza, y después como si yo misma saliera por la coronilla. Cuanto más lejos estaba de mi cuerpo, más claro se volvía el tono. Recuerdo haber visto muchas cosas en la sala de operaciones al mirar hacia abajo. Estaba más consciente de lo que jamás haya estado en toda mi vida. Y entonces miré hacia abajo, a mi cuerpo, y supe que era mi cuerpo. Pero no me importó lo más mínimo. Pensé que el modo en que me habían afeitado la cabeza era de lo más peculiar. Esperaba que me repararan todo el pelo, pero no lo habían hecho”.

Pamela cuenta cada cosa ocurrida en pabellón: las herramientas de cirugía, las máquinas, sus particulares formas; el equipo médico y sus conversaciones. Incluso comentó de un doctor que estaba buscándole una arteria y ella pensó “¡pero qué andan haciendo ahí, si esto es cirugía cerebral!”

“Sentí una ‘presencia’. Eché una ojeada alrededor para localizarla. Y fue entonces cuando vi ese diminuto punto de luz. Y la luz empezó a tirar de mí, pero no contra mi voluntad. Yo iba hacia ella voluntariamente, porque quería. (…) Era una sensación física, algo así como ascender a una colina realmente rápido. (…) Como subir a un ascensor a toda velocidad. Era como un túnel, pero no era un túnel. (…) Al encontrarme más cerca de la luz, empecé a distinguir diferentes figuras, diferentes personas. La luz era increíblemente brillante, como estar sentado en el centro de una bombilla. (…) Y vi a mucha, mucha gente conocida y a mucha, mucha gente desconocida, aunque sabía que, de algún modo, estaba conectada a ellas. (…) Y vi a mi tío Gene, que falleció con solo treinta y nueve años.

(...) (Esas personas) No me permitieron ir más allá… Se me comunicó ––ésa es la mejor manera de expresarlo, porque no me hablaban como yo estoy hablando ahora–– que si me sumergía en la luz me ocurriría algo en el plano físico. No podrían volver a colocarme en el cuerpo, como si pudiese ir demasiado lejos y no fueran capaces de reconectarme. Así que no me dejaron ir a ninguna parte ni hacer nada de nada.

(...) Yo quería penetrar en la luz, pero también regresar. Tenía unos hijos que criar. Era como ver una película de video rebobinada a cámara rápida: captas la idea general, pero no puedes pillar los detalles… De la imagen no me llegaban más que destellos. Pregunté si Dios era la luz, y la respuesta fue: ‘No, Dios no es la luz. La luz es lo que ocurre cuando Dios respira’. Y recuerdo haber pensado: ‘Estoy en la respiración de Dios’.

(...) En determinado momento se me recordó que era hora de regresar. (…) Fue mi tío el que me trajo de regreso al cuerpo. Decía: ‘Es como bucear en una piscina. No tienes más que tirarte de cabeza’. E insistía: ‘Cariño, tienes que irte’. No. Me dio un empujón; me echó una mano. (...) Cuando regresé a mi cuerpo. Era como bucear en un estanque de agua helada”.


Pamela Reynolds concluye diciendo: “Creo que la muerte es una ilusión. Creo que la muerte es una asquerosa mentira”.

Cuando comunicó su experiencia a los médicos y describió lo vivido en la sala –es decir, las conversaciones que tuvo el equipo, la forma en que cada uno se condujo, las herramientas utilizadas (una pequeña sierra parecida a un cepillo de dientes eléctrico), los chistes, la música que sonaba…, en fin, cada mínimo detalle– los oyentes le dieron la razón en todo. No había forma de que lo supiera. Los instrumentos estaban cubiertos, en cajas, esterilizados. Sus ojos estaban vendados. Recibía chasquidos en los oídos. No tenía una gota de sangre en el cráneo.

La consciencia es frágil dentro de los límites que acostumbramos. Se requieren condiciones específicas para que funcione, y no digamos para que funcione con normalidad. Sin embargo, en palabras de la paciente: “Estaba más consciente de lo que jamás haya estado en toda mi vida”. Entonces, ¿qué ocurrió? Este no es un caso aislado. Los ejemplos, si uno los busca, son miles. Por supuesto, los doctores han buscado explicaciones científicas, como podrían serlo la anestesia y sus efectos, o las consecuencias de la falta de oxígeno. Para los investigadores que estudian las ECM, estas hipótesis no resultan suficientes para explicar la estructura y coherencia de los relatos.

Las alucinaciones comúnmente analizadas no son similares a lo que cuenta Pamela y muchos otros. Aquí hay elementos recurrentes, lucidez aumentada, un paso a paso con lógica. Esto lo dicen los mismos neurólogos y psiquiatras.

Siempre hay resistencia con este tipo de ideas. Aceptar estas experiencias como reales, para algunos, es aceptar demasiado. Es comprensible. Las promesas abundan y cada día tratamos de protegernos de engaños. Quizás una frase que se le atribuye a Céline pueda sernos útil en este momento: “Toda virtud tiene su literatura inmunda”. Alrededor de los valores más puros crece la degradación y la propaganda, la falta de pudor. Sin duda las ECM son terreno fértil para charlatanes. Basamos nuestras vidas y definimos nuestra identidad de acuerdo a ideas pilares de esta magnitud, negándolas o abrazándolas. Pero lo innegable es que los reportes se van sumando y, cada vez más, parece haber espacio en el mundo científico para escucharlos y analizarlos. 

Ahora, puede haber dos caminos a futuro. El primero sería la refutación de todo esto, debido a que se encuentra un desequilibrio químico específico o algún otro motivo. El segundo sería la eventual comprobación de estas historias y el respaldo mayoritario de la comunidad científica. De ser este último ––es decir, que la muerte no existe, que es “una asquerosa mentira”, y que el cerebro es un filtro que nos hace funcionales dentro de esta realidad, para que no nos sobrepase, valga la redundancia, tanta realidad–– surge una pregunta: ¿Qué significa esto finalmente y cómo dicho conocimiento nos cambia como personas?


Imagen: “Abstraction”, Georgia O’Keefee.



Instituciones
colaboradoras
editorial@superreinos.com
@superreinos
nuestro esqueleto

Chile - 2026

impresos