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ENTREVISTAS V.II


MACHI JUANITA QUEUPUCURA

“La fuerza del caballo me agarró a mí”




Hay distintas maneras de obtener el don de Machi. Puede adquirirse a través de la madre o de un animal. En esta entrevista, la Machi Juanita Queupucura nos revela cómo obtuvo el suyo: a través de sueños, y la transmisión desde distintos animales.

Su casa en Coyahue, está presidida por un rehue, escalera y vehículo para hablar con los dioses. De su rehue en particular, sobresale un detalle; en la parte posterior cuelga una prominente cola de caballo; el caballo es la fuerza que la agarró cuando niña, y la acompaña en todos sus trances.


Por: Ileana Diotima Elordi
Imágenes: Amara Bustamante






PARTE 1: SOBRE LA TRANSMISIÓN DEL DON



Superreinos: ¿Su mamá también era Machi?

Machi Juanita Queupucura: Sí, por eso a mí me siguió su mismo espíritu.

SR: ¿Ella también tenía un rehue, como usted?

MJQ: No, ella tenía atados de canelo.

SR: ¿Y su papá?

MJQ: Mi papá era choike,  los que bailan en el Guillatún.

SR: ¿A usted le agarró el don entonces, a través de su mamá?

MJQ: Claro también, pero a mí ya me habían agarrad
o de niña.

Yo estaba en Trayenko, cuando en una vertiente de agua encontré un animalito. Era un ternerito. Yo estaba buscando agua con un baldecito. Al animalito yo lo quería agarrar, pero no pude agarrarlo.

Se subía adentro del agua, después salía otra vez. Yo trataba de volver a agarrarlo, y volvía a entrar al agua, pero después me fui e mi casa, con mi agua, y el animal estaba ahí, esperándome.

SR: ¿Cuándo llega el don, el animal siempre se trata de escapar?

MJQ: Sí,  cuando mi mamá vio oveja, también se fue nadando. Se escapan, no les gusta que los agarren.  

SR: Pero usted me había hablado de su poder por medio de un caballo…

MJQ: Después del ternero encontré a un caballo. Era un alazán grande, colorado. Llegaba a brillar. Ese caballo me hizo tiritar. Yo lo quedé mirando. Me movía la cabeza, y yo le moví la cabeza también. Después me reí. Yo sólo me reí.

SR: ¿Cómo recibió usted el espíritu del caballo?

MJQ: Después de eso, le siento l
a respiración. Es una fuerza muy grande. Lo siento respirar detrás de mí. Esa es la fuerza que tengo. Y cuando entro en trance, él muestra su patita. Yo siento su pata cuando suena, viene entrando, con el trance. Va avanzando y galopando.

SR: ¡Qué maravilla!

MJQ: Después me volvieron a agarrar en Trueno, pero ese lo agarré en sueño.  En sueño me avisaron que ellos se sentaban cerca de la puerta, mirando así, para arriba. Y le hice caso al sueño. Primero alumbró el relámpago y abrió mi cara. Quise gritar pero no grité; me habían dicho que no había que gritar. Pero de repente, encima de mi cabeza sonó el Trueno y era como si me partiera la cabeza. Y así, de a poco, me agarraron.


Después, en San Juan, como a las cinco de la mañana, una cosa azul llegaba a mi cara, llegaba y volvía. Se acercaba y se iba. Y así, de a poco ya no supe más. Después una mujer me dijo que me había llegado el trance. “A ella le llegó su espíritu”, decía. Yo no sabía. Y después de eso, todos entendieron que me había llegado mi poder.


SR: ¿Y no le da un poco de susto?

MJQ: ¡Claro! ¡Llegó a saltar! (Se ríe).

SR: ¿Y con el Trueno siempre le duele la cabeza?


MJQ: La primera vez sí, después ya no sentí dolor. Calor, sí. Y el color azul, porque el trueno llega así, se muestra de color azul.


SR: ¿En ese momento supo que iba a ser Machi?

MJQ: No, desde antes. Ya a los doce años me enseñaron mi remedio en sueños. Desde niña, en sueños, me daban hojas de remedio, y después iba al monte y las encontraba. Montonera de remedios tenía. En sueños me enseñaron a mí. Cada Machi tiene su remedio propio.

SR: ¿Y en todos sus trances le entra el trueno y el caballo?


MJQ: Sí, siempre los dos; pero el Trueno es el que me agarró más fuerte, y al Ternerito no lo vi más.


Hace un tiempo también me entraba el arcoiris; entraba en la cocina. Y cuando recién construímos esta casa con mi Viejo, aquí mismo, en este lugar, entraban las Estrellas, el Sol y la Luna. Nosotros estábamos sentados aquí, tomando mate en la mañana, y de pronto le dije ¡Mira Viejo! Y vimos las estrellas aquí, adentro de la casa.



Lugar de la casa donde rondaban las Estrellas, el Sol y la Luna.




PARTE 2: EL TRANCE


SR: ¿Cómo consiguió su rehue?

MJQ: Este rehue me lo hizo mi hijo, pero yo lo pinté. Yo le echo trigo, porotos, papas. Es de hualle, porque con hualle se hacen. Tiene que estar en contacto directo con la tierra, por eso con el tiempo se pudre y se tiene que construir otro.

Mi hijo le dejó los escalones bastante altos (Se ríe). Cuando me subo puede pasar cualquier cosa, pisar, saltar, caerse. Pero no pasa nada. Y eso que yo subo con la cara vendada, porque así es como vemos.

SR: Su rehue tiene una cola de caballo por atrás.

MJQ: Sí. Porque es el caballo la fuerza que me agarra a mí.

SR: Y también tiene cuchillos…

MJQ: Sí, para defenderse.

SR: ¿De qué tiene que defenderse?

MJQ: A veces cuando viene algún paciente muy cargado a visitarme, se queda el espíritu malo rondando por mi casa. Quedan dando vuelta en la casa de uno, como un día o dos, perdidos, pero a esos uno los resta, les da agua ardiente y se van.

Hay otros que vienen porque a uno le tiran mal. Cosa mala le mandan, y ahí quedan. Y si uno los reta, ahí esos dan vuelta la casa, y la hacen sonar.

SR: ¿Le han dañado su rehue?

MJQ: Si, ahora mismo me tienen dañado mi patio. Me tiraron mal. Cosa mala. Por eso de repente no tengo fuerza. Está dañado mi rehue. Una machi viejita me va a limpiar el rehue y sacarle lo que tiene.

SR: ¿Con el rehue usted hace la rogativa?


MJQ: Sí, yo me despierto tempranito, tipo cuatro de la mañana; caliento mi kultrún y así empiezo a hacer rogativa. Si llamo lluvia en la mañana, entonces llueve.

SR: ¿Usted llama a la lluvia?

MJQ:  Mire, cuando me invitaron a Estados Unidos, dijeron que apenas llovía allá. Pero yo llamé lluvia también allá. Y llovió po’, hasta el trueno apareció, llegó a sonar. Pero llovió tanto, que tuve que volver a mandarla para Chile.

A mí me llega el trance en la mañana, en la tarde ya no me llega.

SR: Usted cuenta que cuando entra en trance no habla en mapudungun, sino en un idioma sagrado.

MJQ: Es el idioma que viene del Cielo. Y cuando llega un paciente, el Zugumachife es quien me recibe la palabra. Él habla con los pacientes, no yo. Yo solo les veo su ropa blanca. Y cuando entro en trance, yo no sé lo que digo.

SR: ¿Y quién es su Zugumachife?

MJQ: Mi marido era mi Zugu
machife. Trabajábamos juntos pero, desde que falleció, ya no tengo quién me tome la palabra.

SR: Él también conocía el idioma sagrado... Cuando nos conocimos, en Conguillio, en el Simposio Psiconauta organizado por Fundación Lobeliana, usted me veía escribir y se reía de mí. ¡Para qué escribe tanto usted! ¡Para qué sirve todo eso!  

MJQ: ¡Jaja! Eso es porque yo no sé escribir. Pero cada cual tiene su palabra. Yo tengo la mía, y usted tiene la suya.

SR:  Yo creía que usted lo decía, porque al escribir puede perderse algo que no se pierde al hablar...

MJQ: Claro, se puede perder.




Rehue con cuchillos a modo de defensa.
















Cola de Caballo en la parte posterior del Rehue.





PARTE 3: SUEÑOS PREMONITORIOS 


SR: ¿Usted quería ser Machi?

MJQ: No, yo soñaba machi, pero renegaba ser machi. Cuando mis hijos entendieron que a mi me había llegado mi espíritu, ellos se preguntaron ¿Y cómo lo vamos a pagar? Porque es caro ser machi. Es caro aprender. Entonces se fueron al norte a recolectar fruta. Y así me pagaron para ser machi.

SR: ¿Y se puede renegar?

MJQ: Por eso caí inválida y terminé en el hospital. Se me paralizaron las dos piernas, yo pensé que me iba a morir. Ya sólo quería encontrarme con mi mamá en el cementerio. Mi Viejo estaba muy triste, y para calmarlo yo lo consolaba diciéndole que encontraría a otra mujer.

Mientras estaba en el hospital, una noche soñé que me encontraba con un matrimonio, eran vecinos de aquí; me habían atajado en la cancha, estaban cada uno con una bandera negra.

SR: ¡Banderas negras!

MJQ: Si, yo me preguntaba en sueño ¿Por qué me atajaron acá? ¿Por qué están parados aquí, esta pareja?  

“Usted no tiene pasaje”, me dijeron, vuélvase. Entonces yo le pedí al caballero que me pasara su bandera y él me la pasó. La quebré por la mitad y la tiré hacia el sur. Lo mismo hice después con la bandera de la señora.

SR: Usted no iba a morir…

MJQ: Sí, pero sabe qué, luego ellos dos murieron. A mi en sueños me dicen de todo, y a veces también me avisan quiénes van a morir.

Yo hablo directamente con los dioses.


El rehue en la entrada de la casa de la Machi Juanita Queupucura.




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