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ORÁCULO DE LOS REINOS



Símbolos para interpretar un devenir sospechoso


VISIÓN NOCTURNA



Investigación y texto:
Antonia
Torres Agüero


“Solo la oscura, oscura noche muestra a mis ojos las estrellas”.
- Walt Whitman


A la oscuridad se le ha asociado tradicionalmente con la ausencia de luz y, por tanto, poseedora de connotaciones lúgubres y siniestras. Lo oscuro estaría, según esta mirada, vacío de sentido. En tanto, la luz expresaría la presencia de Dios, la claridad y hasta la “iluminación” propia de la revelación de una verdad. Por lo tanto, lo oscuro supone su anverso: las tinieblas de la ignorancia, la confusión y la expresión del mal. La oscuridad no solo nos vuelve ciegos, sino que además absorbe la luz y las cosas del mundo. La oscuridad parece devorar la creación. Por ello la noche regentaría el lugar del miedo.

¿Pero qué cosas suceden realmente en los pliegues de su enigma? ¿Es la oscuridad solo opacidad e ignorancia? ¿Qué sucede cuando nos sumergimos en las tinieblas? ¿Se silencia acaso el mundo y su murmullo? ¿Qué sucedería si pudiéramos oscurecer el planeta entero por un momento?

Sucede que algunas cosas del mundo solo aparecen ante nuestra mirada en medio de penumbras: las luciérnagas, las siluetas de los árboles, el brillo de la lluvia nocturna, la presencia de una casa lejana, la otra orilla del lago que nunca logramos ver de día.



Las luciérnagas aparecen y desaparecen de manera transitoria decorando la noche. “Parpadean” como las estrellas y parecen advertirnos sobre algo. Llevan a cabo una especie de compleja danza de cortejo nocturna, que puede verse amenazada por la contaminación lumínica. Por lo tanto, las luciérnagas rehúyen y temen a la civilización. Su aparición es señal de buen augurio: algo nos guiará sabiamente a buen puerto, pero debemos ser cautos y gentiles, porque podemos llegar a espantarlas sin quererlo. Los seres sutiles y frágiles pueden guiar nuestro destino si sabemos crear los espacios oscuros adecuados para su emergencia.

Por otro lado, de la oscuridad venimos, útero y misterio. Hacia la oscuridad vamos, tumba y silencio. “Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz [los progenitores] en la oscuridad de la noche”, dice el capítulo primero del Popol Vuh, libro tradicional de los Quiché, nativos de Guatemala. Luego de ello -y tras la meditación que el Creador y los Progenitores llevaron a cabo por la noche-, aparece el hombre en la creación. Venimos de la noche, del mismo modo que estuvimos sumergidos en la gestación oscura del útero materno. La noche y su oscuridad, son un momento de emergencia y fertilidad.

Más que la luz, la oscuridad es entonces el principio. Ese caos original es oscuro y el fiat lux del Génesis adviene a posteriori a establecer un orden terrenal y humano. Esta idea no está solo en la Biblia cristiana, sino que también lo confirma la mitología celta en su idea de tiempo, al concebir la noche como el comienzo de la jornada, así como el invierno sería el comienzo del año.

La noche es entonces tiempo inaugural, cuando las cosas germinan. Simultáneamente, los inicios que aguardan en lo oscuro pueden indicar también que algo va a estallar la mañana siguiente: una batalla, un ataque o una revolución. Por ello se debe leer con atención su mensaje. De ahí que la noche es ambigua, ya que en la indeterminación de sus sombras algo no calculado se está gestando. En cualquier caso, la oscuridad es siempre fuente de transformación. Necesario estadio desde donde se sale renovado o renacido.

Por ello muchos rituales de iniciación contemplan una permanencia por la oscuridad como rito de paso. La escena nuevamente tiene antecedentes obvios: el útero materno, desde cuya oscura profundidad se sale para nacer. Rituales masónicos, citan deliberadamente el paso de la oscuridad a la luz para dramatizar la ceremonia que da la bienvenida a sus iniciados. Por ello no se debe ignorar la fertilidad de las sombras. Menos aún su carácter necesario y protector.

En este estado de oscuridad por lo tanto, se adquiere otro tipo de conocimiento. Lo desconocido puede aparecer, como lo hace un camino gracias a la memoria, aún sin una luz que lo ilumine e indique. Otras cosas del mundo desaparecen por exceso de una luz que enceguece. Como cuando intentamos mirar el cielo durante un eclipse, por ejemplo. El exceso de luz puede ser de una claridad que, como bien saben los fotógrafos, vela aquello que es expuesto a su resplandor. El exceso de luz puede conducirnos a la locura.


Meursault, el protagonista de El extranjero de Camus, le responde al juez que ese homicidio absurdo y sin móvil del cual es culpable lo llevó a cabo “a causa del sol”. Es que la hora sin sombra es la hora del cenit total y perfecto. Una especie de pequeño infierno.



Finalmente, la oscuridad y su sombra son para muchas culturas parte constitutiva del ser. En muchas lenguas nativas de América del sur la misma palabra significa sombra, alma e imagen. Los yakutos, grupo autóctono de Siberia, creen que la sombra es una de las tres almas de cada persona y hasta prohíben a los niños jugar con ella. Nuestra sombra es, por tanto, una sagrada proyección de nuestra personalidad más íntima. Jung llamó sombra al arquetipo que representa al inconsciente y a aquello que -aunque el sujeto no reconoce- insiste en emerger. “Uno no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tornando la oscuridad consciente”, dijo el psiquiatra suizo. Ya sea alma o personalidad, la oscuridad brindará el amparo necesario para reconocer no solo nuestra compleja identidad, sino también nuestra capacidad de creación.


PREGUNTAS AL ORÁCULO


¿Qué significa el advenimiento de la oscuridad?

El fin del día. La hora del recogimiento. El advenimiento de la noche. La sombra funge como anuncio de la oscuridad. No se debe temer porque hemos regresado al útero que contiene, tibio y primitivo.

¿Cuál es la energía disponible en la oscuridad?


El verdadero conocimiento está ahí, rodeado de lo difuso e incomprensible. Si aceptamos aquello, seremos capaces de ver donde parecía imposible.

¿Por qué a veces tememos la oscuridad?

A la hora de las sombras podemos acostumbrar nuestra vista lentamente e intuir formas apenas entrevistas a la luz del día. De pronto, pareciera que tuviéramos que recordar las formas y reconstruirlas por medio de la imaginación. Las cosas del mundo son casi irreales. Crecen o disminuyen. Son un bulto, y a ratos, un monstruo oculto entre las mantas.  

¿Qué conocimiento transmite la oscuridad?


La maravilla de un descubrimiento inesperado. Algo que ha estado oculto y se gesta en secreto. No se debe temer si se abren los ojos del cuerpo y la imaginación.

¿Cómo unirnos a la oscuridad?

En el reino de la oscuridad se debe trabajar activamente a favor del mundo adivinando sus contornos, y al hacerlo ponemos en funcionamiento todos nuestros sentidos de un modo exacerbado. Somos más agudos y mejores viajeros en la oscuridad.


¿De qué nos protege la oscuridad y su sombra?

Sucede que la oscuridad nos protege del hastío, del marasmo, de la luz y su calor. Buscamos su cobijo para capear el ardor y la fatiga. Nos protege, finalmente, de una forma de locura. También nos proporciona sosiego y calma para la reflexión y el descanso.




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