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PENSAR LO NUEVO


Y el impacto
de investigaciones recientes


EL OJO OSCURO
DE LAS ESTRELLAS MADRES





por
Ileana Diotima Elordi

Un comentario sobre la investigación del astrónomo Andrés Jordán en el descubrimiento de planetas fuera del sistema solar. A través de una 'caza de sombras', los exoplanetas son descubiertos al proyectar sus espectros sobre sus estrellas madres respectivas. Y si las estrellas son ojos que nos observan, –cómo se han entendido a lo largo de la historia de la metáforas–, entonces ahora muestran a poco de polvo en la retina. 
 



Antiguamente, se creía que al abrir los ojos se iluminaba el mundo. Y se pensaba que los ojos cargaban en su interior con una especie de estrella interna, un foco de luz que de alguna manera, iluminaba las cosas a medida que el párpado se abría. Esto actualmente parece un asunto fantasioso, pero no es del todo falso. Todos los objetos del mundo proyectan luz, la reciben y la reflejan: lámparas, tenedores, cuchillos, teteras, copas de vidrio, y así también nuestros ojos protegidos por el arco de nuestras cejas.

Pero nuestros ojos no tienen un foco de luz propia. No son estrellas. Así como las estrellas han sido ojos a lo largo de la historia de las metáforas. Cuando se mira un cielo de puntos luminosos, y se siente una presencia externa que parpadea y nos observa.

«Desearía ser la noche para mirar tu sueño con mil ojos», dicen estos versos griegos atribuidos a Platón. Al parecer, es común la sensación de sentirnos observados. Los árboles nos miran, los insectos, la noche con sus ojos de mil estrellas. No solo nosotros observamos las estrellas, ellas también lo hacen.

La relación metafórica entre los ojos y las estrellas es antiquísima, quizás una asociación intrínseca de nuestra psique, y sin duda, piedra angular en la historia de las metáforas.

Ahora, si entre nosotros y una estrella que nos observa se interpone un planeta entonces se forma un eclipse. Eclipses que solo pueden verse a través de telescopios que rondan por el espacio, o instalados por ejemplo, en el desierto de Atacama. Precisamente, estos son los eclipses que busca el astrónomo Andrés Jordán y sus colaboradores. Es una caza de sombras.

Nuevas formas de caza; capturas de las sombras proyectadas por planetas al enfrentarse a sus estrellas madres. Zonas oscuras. Animales nocturnos escondidos entre los matorrales. Ciervos. Jabalíes. Perdices, y nuevas presas planetarias. Supertierras (2), Neptunos diminutos, Júpiter Calientes, Gigantes Gaseosos. (3)

A través de esta caza de sombras, se han descubierto miles de exoplanetas que existen más allá del sistema solar. Lo curioso, es que desde las penumbras es donde se recibe información. Y no solo sobre la existencia de estos planetas, sino también sobre cómo es su atmósfera. Monóxido de Carbono, Helio, Hidrógeno y Agua. Cada molécula que existe ahí tiene su propia huella digital, y su interacción con la luz determinará si podrá ser observada por nosotros.

La luz de la estrella madre se filtra por la atmósfera del planeta entregándonos información. Y en esta búsqueda, los planetas gigantes y gaseosos parecieran ser las estructuras más accesibles: en sus atmósferas volátiles la zona de contacto entre la luz y la sombra es extensa y generosa.
Sombras entre la irradiación de la luz. Estrellas con un poco de polvo en la retina. Una mancha en la visión. Nuevos ojos que nos observan. Una mirada distinta.

“Un exoplaneta no emite siempre suficiente luz para poder verse y la mejor manera de verlo es a través de la sombra que crea en su estrella madre. Es decir, se devela al máximo a través de la sombra manifiesta”, nos dice Andrés Jordán.

Precisamente, en el hecho de encontrar información a partir de las sombras donde pareciera esconderse una clave o un secreto, algo curioso e interesante. Y es que en las penumbras también nos entrega información. Otro tipo de información, que pareciera emerger desde el fondo de un pozo turbio. Ahí hay algo que se oculta. La sensación que algo está por ocurrir, y sin necesidad de revelarse por completo adquiere la fuerza inminente de la poesía.

A veces, es curioso cómo nos atraen ciertos objetos no por lo que son, sino por las sombras que proyectan.  Por ejemplo, compramos flores porque durante la noche proyectan en las paredes un espectáculo de sombras: y entonces de la flor un árbol, y del árbol un paisaje, y del paisaje un cosmos que se instala al interior de la pieza.

En esta línea, a veces incluso nos atraen personas no por lo que dicen, sino por lo que imaginamos que dicen. “¡Las cosas son lo que yo quiero que sean, o no son!”, dice Jorge Teillier. Premisa que puede entenderse no necesariamente por un afán melancólico, sino porque la imaginación es capaz de alcanzar lo que no alcanza la vista.

Penumbras, susurros, información revelada y velada a la vez. Quizás susurrada o apenas escuchada. "Bajo todo lenguaje se encuentra la estructura hiper-profunda del susurro" dice el poeta Germán Carrasco. Quizás no importa lo que se dice, sino la proyección que las cosas dejan en nosotros.

La astronomía andina, tenía clara la importancia de las sombras desde hace miles de años atrás. En esta tradición, las constelaciones se leía no solo a partir del trazado de estrella a estrella, sino también a través del espacio negativo que existe entre ellas: cóndores, llamas, zorros, perdices, y una conmovedora llama (yacana) amamantando a su cría, son algunas de las imágenes que aparecen desde lo oscuro.


En esta caza de sombras, se comprueba una realidad nueva: la existencia de más planetas que estrellas. Y quizás estos descubrimientos, son también el indicio por un retorno hacia una ciencia clásica o antigua, donde la manipulación de las cosas no renuncia a habitarlas y se logra conservar el sentimiento de opacidad del mundo.

Las estrellas siempre han sido ojos en la historia de las metáforas, y esta vez nos observan con un polvo oscuro en la retina. Y en las penumbras sabemos, la imaginación explota en materia altamente radioactiva, estableciendo un lazo indestructible entre nosotros y las cosas.

De pronto, dejamos de ser solo espectadores y el universo vuelve a ser la bóveda de nuestra casa. Un universo que probablemente tiene planetas con tormentas giratorias y montañas, océanos con medusas transparentes y nubes cargadas de agua.

Paulatinamente, el universo deja de ser un vidrio totalmente cristalino, y si puede conocerse es precisamente por sus zonas diluidas. Desde ahí asomamos nuestra vista, y aparece la ficción.
(1) TESS y James Webb son los Telescopios Espaciales utilizados para el descubrimiento de exoplanetas, así como también el proyecto Hat-South lo hace a partir de telescopios instalados en Atacama, Namibia y Australia.

(2) Las Supertierras son los planetas más comunes de la Vía Láctea sin encontrárseles en nuestro Sistema Solar. Estadísticamente se piensa que el 20% de las estrellas madres tienen al menos uno de estos planetas.
 

(3) La tasa de ocurrencia, es la medición que establece cuán común son los planetas. Planetas tipo Tierra (15% aprox), Supertierras (20% aprox), Neptunos diminutos (20% aprox), Neptunos (5% aprox), Gigantes Gaseosos como Júpiter o Neptuno (6% aprox)


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